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Estudio hacia el entendimiento con uno mismo
Estoy en el instante en que no me aferro más a la
vida, pero llevo conmigo todos los apetitos y las
insistentes titilaciones del ser.No tengo más que una
ocupación: volverme a hacer.
(Antonin Artaud)
No estás muerto. Mírame a los ojos el tiempo necesario. ¿Entiendes mi sonrisa?. Yo soy triste. La farsa reclama.Dentro de mi baúl me siento invulnerable. Me preocupa. No hacen más que llegar noticias secas desde vuestras manos.Sufro. La bondad es insignificante. Yo sola no puedo arrancarle los ojos al mundo. Todos los minutos existen. Me arrepiento.No sé hacerlo mejor. Ni vosotros. Esta ecuación es demasiado aburrida. Escribo telegramas a las estrellas. Las emociones se deslizan garganta abajo. Me gustaría tener las piernas de una corista antigua. Mi estupidez no me sorprende. El miedo acelera la tormenta. Quiero el pensamiento doloroso. Quiero la crueldad de la vida y su esperanza. Deja que me calle de una vez por todas. Hoy tampoco has venido a buscarme.
...y fin.
Acabo de terminar mi fatigosa época de éxamenes en este justo momento y he descubierto dos cosas que antes sólo intuía como razonables y que ahora, sin embargo, puedo constatar:
1- Cuando algo me interesa soy capaz de esforzarme de manera ilimitada.
2-Existen muy pocas cosas que realmente me interesen.
No tengo nada más que decir. Bueno, sí, sólo una cosa más: Quiero dormiiiiiiiirrrrr!!!!
...y una canción desesperada

Ojala fuera hoy el día
en el que decidieras desempolvar
tu vieja capa de superhéroe resignado
y sacarme de aquí.
Rescatarme de mí.
Ojala fuera hoy el día en el que pudiera verme
esperando
con el pelo prendido de mariposas
y el hombro derecho
en el quicio de la puerta.
Debería ser este lunes desbaratado y único
el que ofreciera un espacio abierto para
treparte sin demora,
descalzar al tiempo de su angosta armadura,
abandonarme a mis pesadillas
y dormir.
Si volviera a ocurrir,
te respiraría de nuevo
desde la distancia intermedia que este cuerpo
insuficiente
es capaz de ofrecer.
Podríamos resignar ésta causa perdida.
Podríamos, sí,
no hacer nada hoy;
arrastraremos nuestros cuerpos
derrotados
hasta cualquier estación:
sacaremos un billete
y saldremos de aquí;
pídeme a mí otra cerveza,
voy a por unos cigarrillos,
te prometo que no tardo demasiado.
Espérame.
Disección en do menor de una mente cariada

Seamos sensatos y reflexionemos un momento como lo hacen los grandes pensadores del mundo – dice -. Supongo que ellos también habrán desperdiciado el tiempo suficiente de sus vidas mirando a una pared. Siendo una pared. Gastemos nuestro tiempo entonces, o mejor dicho invirtámoslo.
>Sus palabras son grandes como boas y ninguno de nosotros podrá escapar.
Bien, elegiremos un punto de la pared y dejaremos que nuestros ojos se acostumbren a él. Inviertan los minutos que consideren necesarios, hasta que la única sensación que sus cuerpos sean capaces de generar se convierta en un deseo inexplicable e inexplorado de seguir mirando su lugar escogido de la pared durante al menos las próximas tres horas. Deben concentrarse en la superficie. Es un tanto ingrata ya lo sé, pero no pierdan detalle de lo que está apunto de sucederles. Agarren con sus ojos la pintura y la fina capa de escayola. ¿Sienten un nudo arenoso detrás del globo acular?, ¿Sí?, entonces están todos preparados. Mantengan la calma, busquen una postura cómoda y hundan despacio sus manos dentro del muro. Palpen con cuidado los ladrillos y el cemento, no se vayan a lastimar. En fin, la lapidación es un tema muy manido que será mejor desconocer por el momento. Proyecten al otro lado la imagen que deseen, o la que crean que van a encontrar. Llegados a este punto cada uno debe abogar ante su capacidad imaginaria de crear mundos de fantasía o de la más fiel realidad. Saquen sus brazos y empujen su cuerpo al otro lado. Habrán notado que es más costoso salir de la pared que entrar en ella. Es normal. Si miran hacia atrás verán que el agujero que acaban de atravesar ya no existe. No se preocupen.
Caminen. Caminen, sin miedo. Miren y toquen sin temor. Al fin y al cabo es el espacio que ustedes han creado en esta aventura fantástico-realista. Todo lo que quieran que esté, estará; y todo lo que quieran que desaparezca, se esfumará. Si ven personas pueden acercarse a ellas, todo lo que ven les pertenece, pueden preguntarles lo que quieran, dejen que les cuenten sus historias, ¡pero ojo!, no lo hagan al revés o volverán inmediatamente al principio, al otro lado. ¿Cómo?, ¿romper cosas? , sí claro, ustedes sabrán. ¿Que no hay ventana?, bueno, eres tú quien debe ponerla ahí. ¿Matar?, todo es posible, pueden hacer que las personas a las que ven se vuelvan locas con sólo pensarlo, que enfermen, o que se maten entre sí, si es que hay varias; pero no se olviden de la continuidad, todo lo que piensen tiene que devenir otras acciones, sino corren el riesgo de quedarse aquí encerrados o de tener que regresar a la pared en blanco. ¿Que qué veo yo?, bueno, a ver, dos hombres discuten, parecen la misma persona, una capa gelatinosa cubre todo el mobiliario, algo pegajoso que parece miel, a ver…, sí, es miel.
-Van a morir todos abrazados.
-Perdona, ¿qué dices?
-Que todos ustedes van a morir.
-¿Puedes explicarte mejor?
-Todos ustedes están aquí conmigo.
-A ver, a ver, a ver… ¿has convertido a todo el grupo en tus personajes?
-Sí.
-¿Y por qué vamos a morir todos?
-La habitación está ardiendo.
-Ya…
-Tengo miedo.
-¿Por qué?, en realidad no va a pasarnos nada.
-No quiero quedarme aquí sola.
-Haberlo pensado antes, yo ya les advertí…
-Se agrupan en el centro de la habitación y se abrazan como si tuvieran frío.
-Vale, veamos, si no quieres quedarte sola, no quieres regresar a la pared en blanco y piensas que no vas a ser capaz de hacer surgir otra historia de una estancia calcinada y en ruinas, haz que aparezca un extintor en nuestras manos: ¡Haz que nos salvemos!
-No puedo. Aquí no hay extintores.
-Pero…puedes hacer que aparezcan.
-No, no puedo. La historia transcurre así. ¡Oigo al vecino de arriba!
-¡Ya está!, ves como siempre hay salida. Haz que baje hasta nosotros, que abra la puerta.
-Uno de ustedes se acerca hasta la puerta, pero se dá cuenta de que si la abre, si alguien la abre, el fuego les alcanzará mucho antes de lo que piensan. Deben morir.
-Sigo pensando que ese vecino al que dices que escuchas es la clave. ¡ Haz que llame por teléfono, que avise a alguien!.
-Escucho como cuelga el auricular, pero ya es demasiado tarde. Están encerrados, ¿No se da cuenta?
-¡Por esta razón los grandes pensadores del mundo nunca comparten su pared!. Mira, yo no puedo guiarte más, tú sabrás como quieres que acabe todo...
-¿Podría cruzar la siguiente pared?. Adelantarme,dejarles atrás y empezar de nuevo.
-¡Ni hablar!. Las cosas no funcionan así. Creas todo un entramado y lo dejas así, eso no es posible, lo único que puedes hacer antes de atravesar el próximo muro es matarnos o salvarnos, en fin: darnos un final o regresar a la pared en blanco.
> Se agrupan en el centro de la habitación y se abrazan como si tuvieran frío. El humo denso se filtra bajo la puerta y la ventana. Algunos canturrean las canciones que sus madres les silbaron al oído cuando el miedo parecía un elefante. Es cuestión de tiempo. Una sirena gastada se abre paso entre los transeúntes rezagados. En la calle, los niños lloran subidos en los hombros de sus padres. La tragedia abomba los cristales haciéndolos latir tan despacio como una autopsia. Las mujeres levantan las manos sobre sus cabezas, con los dedos índices señalan el edificio y sus faldas plisadas sobrevuelan el aire caliente. Dentro, una música compulsiva de dientes aún vivos rechina sin descanso. La piel crepita, enferma. Las llamas menos perezosas tocan tímidamente los tejidos. La ropa cae al suelo en montoncitos azules. Unos pasos lentos se aproximan con seguridad a la puerta y el más valiente de todos los mártires grita por encima del fuego:
- ¡Ábrala de una vez, y que el mar de espuma nos arranque la piel a tiras!

