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DUDAS DIARIAS

Hoy he pasado la vida casi como un antihéroe, y digo “casi” porque en realidad no ha sucedido nada que pudiera hacerme merecer el galardón de “anti-“ y mucho menos el de “héroe”.
Lo que les digo, todo normal. Cualquier lunes fuera de la cama es igual que cualquier martes fuera de la cama. Pero es inevitable que sea siempre el primero el que sugiere al segundo, y no al revés, por eso los lunes son irreductibles, caen como algo que se niega a sostenerse, gárgolas desprendidas, de mármol… o de acero…o de lo que pese más. Pero la vida, hoy…como si nada. Ha sido un lunes casi martes. Una total desesperación temporal. Sin embargo el espacio, apenas se ha movido. He estado donde debía estar casi todo el tiempo, y digo “casi”, porque siempre en el trayecto uno imagina a sus huesos tirados al sol, rodeados de arena blanca y caliente. Después, ya en pleno destino, los pies quieren irse a Berlín, el cinturón a Estocolmo y a las mangas del chaleco les da por soñar con Plutón; pero un puñado de astrónomos decidió en una de esas reuniones que hace la gente que sabe cosas pero no qué hacer con ellas, que ya no merece ser un planeta; así que, si las mangas, de por sí, en un chaleco no hacen lo que se dice “falta” y, Plutón ya no puede ser lo que antes era, pues menos y menos es más, y por eso, hoy, no he podido moverme del sitio en este miércoles casi martes, ya apenas lunes. Y casi ha sido mejor así, y digo “casi”, porque no les digo yo que el plan de arena y collar de flores no sea un lujo a todo palpar; pero hoy, aunque el espacio hubiera dado su brazo a torcer para que todo estuviera un poco más cerca, la mera idea se me sale del presupuesto. Y hablando de presupuestos ajustados, casi me dejo la cartera en casa, (los jueves me vuelvo muy olvidadizo), pero debo decir “casi”, porque aunque me la he dejado abandonada, (seguramente encima de la cómoda…o del mueble del recibidor…o sobre lo que pese más..), por suerte, los bolsillos están para lo que deben y siempre han debido estar: encontrar dinero aunque sólo sea de vez en cuando. Sé que saben de qué les hablo: calderilla. Habrá que conformarse con estirar el tabaco y dar un poco más de sí al café. Habrá que conformarse…pero es que los viernes son el peor momento para hacerlo, porque allí cuelga amenazador, a lo lejos, el “casi” lunes que está por aproximarse; en este caso siempre hay que decir “casi”, porque nadie quiere desprenderse de la luz que trae el sábado, de proyectos e indecisiones que, después, como casi siempre, se quedan en nada: “este lunes no me pilla con los pantalones bajados, lo juro”. Y está bien la propuesta…pero es que ya casi es domingo hoy, y la verdad es, que no es de recibo cargar de ambiciones a una semana que, por más que me pese, aún no comienza. Casi mejor lo dejo para mañana, que será martes. Puede que se presente como casi un miércoles, incluso que llegue al domingo placentero como ha sucedido hoy; pero lo que está claro, más que claro, cristalino, es, que venga como venga y por más que se empeñe y se obstine el día , ya nunca podrá ser lunes.
DÉJENME CONTARLES ALGO

Nunca se sabe hasta qué punto
los sueños son propios.
No importan las condiciones,
porque lo inesperado no es
lo que aparece de manera fortuita,
sorprendiendo,
y no es allí donde se instala la escurridiza
luz de la esperanza.
Lo inesperado fue
que no hubiera un sólo momento en el que
aquella mujer
me dejara a oscuras.
Y pensándolo bien,
quizás yo mereciera ser
reducida a la nada y,
a la vez,
por qué no,
salvarme.
ROJO IMPAR
(...) Soy mi respiración entrecortada,
el placer de saberme aquí, yo, ahora,
un bulto únicamente, yo, aquí,
vacío, el calor que se derrama,
y todos los que he sido y no comprendo
desde hoy, la ridícula pasión
de lo lejano. Yo. No hay más. Acepto.
( Vicente gallego, "La luz, de otra manera", 1986 )
Si me pongo a escribir y no soy capaz de diferenciar un folio en blanco de mi cafetera estropeada, puede ser que no les esté hablando mas que de un lugar común demasiadas veces transitado; sin embargo, defiendo su utilidad, (seguramente no didáctica), de realidad mil veces repetida y acostumbrada hasta la saciedad a sí misma.
Si no soy capaz de serme útil, no es porque me sienta desvencijada y rota; quizá todo lo contrario, con cierta pose entera y resabiada, practicando fórmulas simétricas de cómo llegar a la “Razón” que se ocupe gratamente de atar cabos y sembrar límites. Son falsas premisas, lo sé, pero el placer de la seguridad errónea es el único testamento que dejará ésta “generación” que nos convoca a todos a caer en su trampa.
Si apuesto al rojo, impar, lo hago con la única finalidad de corregirme, de saber lanzarme a la pérdida incluso después de que el azar me susurre en voz muy baja que en esta ocasión es un numero par, negro, el que va a salir. Estoy dispuesta a dejarme caer de lleno en la equivocación más absoluta. A partir de allí, sabré esperar, paciente, el reencuentro con mi folio en blanco, mi fórmula y mi generación. Porque yo también me siento mi respiración entrecortada, el placer de saberme aquí, yo, ahora, un bulto únicamente, yo, aquí, vacía. Sé que no hay más. Lo acepto, y me basta.
Quisiste verlo en mí, pero no estaba.
(...) estar perdido
estar loco
tal vez no sea tan malo
si se puede estar así,
tranquilo (...)
( Charles Bukowski, "Peleando a la contra" )
Tengo veinticinco años,
y me preocupa pensar
que ya estoy de vuelta
ante demasiadas cosas.
No me interesa,
no me sorprende,
me aburre.
Me contó sus problemas
y yo, le hablé del poder ilimitado
de las parabras:
-cuando te explicas
me haces pensar
que todo es posible.
-me dijo-.
Siento tener que decirte que
estás equivocada.
Si yo fuera capaz de hacer algo
semejante:
tener la razón
o pretenderlo,
y hablar desde esa seguridad absoluta
que tú me atribuyes,
podría dejar de esconderme detrás
de esta Tranquilidad temblorosa
(cortina de humo) que,
aunque a ti te convenza,
yo sé
que no sale de mi,
si no que se queda
porque quiere.
Y yo,
se lo agradezco.
Las manos de Einstein parecen pequeñas.
A las ocho menos cuarto
a carcajada limpia
con la pescadera "del mercadona";
me arrancaría el corazón
del sitio
a machetadas
para ponerlo a sus pies.
Las ruedas de mi cesta-carrito
se atascan sin saber cómo
llevándose consigo
la diferencia que existe
entre un pequeño paso
para el hombre
y uno grande para la humanidad.
Me hace bastante gracia que
de las cuatro veces que me cruzo con ella
las cuatro veces me dé:
"ponga el intermitente, señora,
que el caos será siempre algo oscuro
para quien no lo quiere entender".
Dejo sobre la cinta
dos doradas,
papel higiénico tamaño económico,
una lechuga iceberg,
una coca-cola de 2 litros
y champú.
Veo cómo avanza
y me doy cuenta de que,
aunque no quiera,
soy capaz de comprender
por qué el mundo es como es;
comprendo por qué se mueren
los cisnes en mitad
de los inmensos lagos azules
que aparecen en los libros de ciencias,
por qué los domingos por la mañana,
por qué la traición;
soy capaz de comprender,
incluso,
por qué la niña de las trenzas,
-la de las botas de agua
y la parca azul-
no se quiere reir.
JUAN CARLOS ONETTI

Preparen la cesta de mimbre, los cubiertos de plástico, el mantel y déjense llevar a Santa María.Dentro de la ficción de sus calles y sus personajes, una realidad también ficticia golpea constantemente.Todas sus historias pertenecen a ésta ciudad,cada novela,cada cuento.,Parece sencillo,verdad?, pues deben tener cuidado al poner cualquiera de sus dos pies sobre el asfalto de este decorado, porque es difícil avanzar y aún más retroceder.¿Se atreverán a hacer las maletas?.
FRÁGIL

(...)he pasao la noche mirando al techo haciendo censo de gotelé(...)
"La cabra mecánica"
No va a parar.
No lo hará
a menos que incluya
en mi lista para
los Tres Reyes de Oriente
unas alas nuevas
que vayan a motor.
Aplico retales,
reparo los desperfectos
y doy las puntadas a conciencia,
pero no es suficiente;
necesito un resorte,
un viento del este
o una justa abdicación.
Entiendo.
Nadie llegará de Oriente,
no habrá resorte
ni viento,
ni justa abdicación;
pero,
si alguien pudiera
explicarme algunas cosas,
echar las cuentas que a mi no me
cuadran,
resolverme
o rescatarme de la tierra hambrienta,
yo,
lo sabría agradecer;
a fin de cuentas,
sólo se trata de una operación rápida,
esa protección instantánea
tan difícil de conseguir.
No es que esté pidiendo
una lluvia de diamantes
en cascada,
una parcela para un duplex
en la luna
o un transatlántico seminuevo,
nada de eso me sirve.
Sólo una mano despierta,
dos brazos dispuestos al fracaso
o unos ojos brillantes que,
aunque tiendan al sueño fácil
se presten para echarle un vistazo
de vez en cuando
a mi debilidad.

