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MAR DE MEMORIA
He rescatao del abono transportes un poema que escribí hace ni se sabe, y aquí se lo dejo en prenda mientras encuentro tiempo pa´escribir un cuentito que me ronda la cabeza.Si no les gusta pues seguiremos el protocolo de siempre....se aguantan!!!:
Yo te conozco.
Abrigaste tu carne
debajo de mi lengua,viniste conmigo
a los confines del mundo
y abrimos tumbas
y cerramos tratos
esperando un comienzo.
Te he visto,
y te vigilo desnuda
entre las bocas nuevas.
Escondo mi estrategia,
mantengo mis mentiras
y trazo mi plan de cilindro
de órbita
y redención.
Pero no me apetece,
por eso te persigo:
para arrastrarte
a mi sangre
oscura
donde esta muerte obstinada,
espero,
se digne,
a traer algún silencio.
Cuando me rasco la oreja izquierda,me pica la derecha.

Sólo se oye una canción. Sólo una. Al cerrar la puerta siempre parece que alguien se quedó fuera, que no supo apresurarse; seguramente, no sabe saltar vallas y no entiende de cerrojos. Sólo se oye una canción. Sólo una. ¿Habéis tendido la ropa?, ¿dado de comer al perro?; ¿o guardáis a un animal salvaje dentro de una jaula de oro, dentro de cualquier pertenencia que dejó algún familiar muerto en su testamento manchado de sangre?. No queremos admitirlo, pero sólo se oye una canción. Sólo una. Nos parecen insuficientes las escaleras a bajar, defectuosas; quizás se deba a que intentamos subirlas. No lo sé, ya no me acuerdo de cuál fue el último minuto que pasé sentada sobre una alfombra de clavos; ¿acaso conseguí despegarme de ella?, no lo sé, ya no me acuerdo. Sólo se oye una canción. Sólo una. Ya no hay valor para unir de nuevo las aguas. Los pájaros se quejan de las alturas. Desde tierra firme los dispararemos a todos y, después, compraremos unos arpones de segunda mano. Nos iremos a casa satisfechos. Sólo se oye una canción. Sólo una. Una vez encontrada la melodía perfecta, ya no hacen falta los ascensores, los mandaremos de vuelta a las fábricas; y lo mismo haremos con las máquinas de coser y con los altavoces aquellos que alguien trajo y están tan nuevos, ya no nos hacen falta, porque sólo se oye una canción. Sólo una. Saldremos a la calle vestidos de gala.
Yo sólo escucho una canción, sólo una, pero no es capaz de multiplicarse en el tiempo.
Para que no dejen de latir

No puedo fiarme de mis ojos. Esa información externa que siempre juega al despiste me distrae. Incluso me cuesta mirar los de otra persona cuando hablo, cuando me hablan; ¿qué habrá allí?. Lo intento. Me pierdo en abstracciones. Me intimidan los charcos de luz que se derriten despacio en el centro de cada globo. No es la realidad lo que me aporta la vista. No son la realidad vuestras miradas oscuras, porque dentro de cada pupila que tiembla mi imaginación tropieza con un día de verano. Yo no sé de la verdad a vista alzada. Sin embargo, los brazos, normalmente, me andan solos. Despliego mis velas ante cualquier desconocido que se muestre amable. Allí soy capaz de reconocer una forma definitiva. Así puedo, en el espacio, moverme, y comprenderos. Es por esto que nunca debéis enseñarme vuestro corazón, sólo, acercarlo despacio hasta mis manos y, después, dar un paso atrás, también, lentamente.


