Sublime
Si hubiera sabido que tú vendrías a verme
habría sacado la mantelería nueva
en vez de recibirte en pijama.
Podría haber comprado un pollo asado
con patatas,
o una pizza cuatro quesos,
pero no tenía ni idea de tu visita.
Si lo hubiera sabido, habría más orden,
las ventanas estarían abiertas,
el baño, más limpio,
y me habría quitado el pijama,
incluso el gato tendría comida
porque se me ha olvidado,
te juro que se me ha olvidado y,
además, es que yo no sabía...
Ahora pensarás que soy un desastre
y te quedarás con las ganas de darme dos consejos.
Te abrirás paso hasta el sofá mientras te muerdes la lengua
pero no me dirás nada
por no parecer un impertinente.
Hablaremos de cine para romper el hielo
(aunque a ninguno de los dos nos gustó esa película).
Sacaremos punta a la vida de los demás,
veremos la tele
y, en mi favor, te serviré un café de hoy
mientras te agradezco en silencio
todo lo que no me has dicho.
Sólo por seguir
Cuando pasen muchos, muchos años;
un día que podría ser cualquiera,
encontraré
debajo de una baldosa que no parecía estar hueca
un par de doblones de oro.
Ese es todo el recuerdo que me quedará
cuando las avenidas se conviertan en ríos de nuevo:
Dos doblones de oro,
sucios.
No, sucios no, desgastados.
No, desgastados no, viejos.
Vendrán conmigo y no los cambiaré nunca.
Los guardaré en mi mano aunque ya no sean relucientes.
Ellos sabrán lo mucho que cuesta.
Los mostraré a todas las personas que, al fin, parezcan cofres.
Vivirán lo que yo viva: experiencia y tiempo.
Pasarán frío.
Perderán la batalla
y heredarán mi miedo a los naufragios,
pero no estarán solos.
Esto debéis saberlo.
No estaréis solos.
Nadie robará lo que no es suyo.
Nadie os llevará consigo.
No pasaréis otro frío.
No perderéis otra batalla
No heredaréis otros miedos.
Sabed que nada de esto sucederá,
no, mientras yo vigile.
Sorpréndeme tú
¡Qué agotador el tiempo lento!,
Aunque entiendo la codicia que hay en estas ganas,
y mi impulso.
Pero, ¿Qué más puedo hacer
si no esperar en el centro exacto de tus ojos?,
donde tú prometiste que alguien vendría a buscarme.
(...)Acaso alguien vendría, alguien vendría(...),
como en la "Barcarola" de Neruda.
Acaso alguien tendría el valor de soplar
en el centro exacto del océano:
levantar una ola que después
se hinque de rodillas dispuesta a humillarse.
Acaso los pájaros.
¿Acaso tus pulmones no tienen aire?.
Acaso sólo baste gritar.
¿Acaso sería suficiente un incendio?:
¡Qué inútil! :
¿Acaso una llama limpia podría hincharse en el fondo oscuro del agua
y abrirse paso hasta romper la superficie...?
Quizá no seamos capaces de juntar la furia suficiente
para conseguir que el tiempo llore sin consuelo
por todo lo que nos ha hecho.
Pero aquí,
en el centro exacto de tus ojos
yo sigo esperando que alguien venga
y eso que nunca me ha gustado Neruda.
CRUDA REALIDAD
De noche tenían prohibido encender sus cigarrillos porque la pequeña luz roja podía verse a kilómetros de distancia.
Cualquier hombre les mataría.
Cualquier hombre hubiera podido matarlos. ¿No es increíble?.
Ella me dijo que lo hiciera así.
-No les va a gustar.
-Lo sé, pero yo no tengo miedo, yo no tengo miedo, yo no tengo miedo porque pretendo lo extraordinario.
Cae una gota; ya sabes lo que tienes que hacer:
Gobernar los cimientos
hasta que se muera de
hambre
esta pena escuálida.
ÉRASE
Tenía tanto frío que no pude sobreponerme.
Un hilo estrecho
de agua brillante
se filtró entre mis articulaciones
hasta romperlas.
Ahora mi piel es azul.
Y todo por culpa del frío.
Por su gran culpa
mi estructura débil estalló
como una bolsa de confeti antes del cumpleaños.
Mínimo común denominador
En el siglo IX, el poeta persa Bassar B.Burd murió a consecuencia del tormento que se le infligió por haber recitado el siguiente verso:
" La tierra es oscura y el fuego brillante; por eso se adora al fuego desde que existe ".
Tengo veintiocho años y el fuego brilla más que nunca.
ZUÍN
Zuín sabe imitar tus debilidades.
Tiene su cuaderno de dibujos aún por completar.
Zuín habla por los codos.
Zuín no puede estarse quieto.
Zuín no va a morirse hoy.
Eres tan Zuín como la mismísima persona,
indestructible
desde los ojos negros
hasta la razón.
Escrituta automática I
Desde donde estoy sentada puedo ver cómo pasea por el centro de su habitación a oscuras.
Una planta se vuelve amarilla en algún rincón.
Nadie quiere admitir que deambular solo es innecesario.
No quieres darte cuenta.
Los juegos de luces y sombras todavía no te entienden.
