El obligado poema intimista
No tiene importancia y,
aún así,
parece mentira.
Los dos que ríen y se besan,
los trabajos mal pagados,
las terrazas de Madrid,
la niña que come su merienda fría,
todos los libros que he comprado hoy,
la chocolatina que dejo a medias porque se derrite,
el óxido amigable de la sartén,
el chico de ojos negros al que nunca saludo,
mi gato y su barriga,
la obligación gratificante de escribir un poema así,
el miércoles por la tarde,
la ropa de invierno que no he guardado aún,
los zapatos cómodos,
mi televisor contra el suelo,
el virus que inunda el ordenador,
dos guitarras prestadas,
las uñas de muerto de aquella mujer,
los bolígrafos azules que pintan rojo,
los muñecos coleccionebles de shin chan,
la Torre Eiffel que no se mueve de su sitio,
los restaurantes caros a los que no puedo ir,
las deudas,
la familia,
los conciertos de la fnac...
Tú pareces mentira.
Haré todo lo posible por serlo yo también.

